Producimos más información de la que podemos consumir. Somos más de 3.000 millones de usuarios de Internet. En España, más del 70% de la población accede todos los días a Red -el 90% entre los menores de 34 años- y 14 millones de personas lo hacen con su móvil mientras ven la televisión.

Hay más oferta de noticias que demanda y la base de lectores, al menos en los países desarrolladores, es alta y estable.

Estamos ante una saturación del mercado del periodismo de masas. Por eso la venta de noticias impresas se ha desplomado o estancado en el mejor de los casos.

Ya no es posible crecer incrementando la producción. Abaratarla para mejorar los márgenes tampoco parece, en este caso, una buena idea, puesto que la publicidad también sufre, en cierto modo, esta saturación.

¿Qué opción nos queda entonces?

Cambiar e innovar. Como dice Guy Kawasaki, uno de los mayores especialistas del mundo en marketing e innovación, “al final, o eres diferente o eres barato”.

En un entorno en el que el periodismo industrial y de masas ha muerto, lo que nos debe preocupar es entusiasmar a nuestros lectores. Construir marcas que satisfagan sus necesidades informativas, no productos que les inunden con noticias orientadas a atraer su atención durante unos segundos.

No estamos ante una situación del todo desconocida. A finales del siglo XIX y principios del XX, el ‘amarillismo’ inundó los quioscos de EEUU mientras fue rentable y razonable. Cuando el mercado se saturó, comenzó un cambio reposado que culminó con el gran periodismo de investigación del Watergate.

En Internet ha pasado algo similar. Buzzfeed, The Huffington Post o el Daily Mail -por poner tres ejemplos- han exprimido el mercado ‘viral’. Sus modelos se han copiado y repetido hasta que la oferta ha superado a la demanda. Y ahora los medios buscan una tabla salvación.

¿Cómo la construimos?

Sobre todo y, por encima de todo, de forma diferente. Es necesario acabar con nuestro propio legado –y me refiero al legado digital-. Romper las normas, ‘hackear’ el sistema. Para innovar hay que dejar atrás las ideas preconcebidas y los prejuicios y centrarse en las siguientes claves:

  • Comprender al lector. Cuando tu público te abandona, lo primero que debes hacer es entender por qué. Hay muchas formas de hacerlo, pero la más práctica e intuitiva es consumir tu propio producto y ver cómo lo consumen otros.
  • Cubrir sus necesidades. Informar. Esa es la principal misión de un medio de comunicación. Establecer una agenda. Ayudar a conformar la opinión pública. Dar un buen servicio. Si estás más enfocado en entretener quizás no seas un medio de comunicación sino de diversión.
  • Cuestionar los dogmas. Las cosas que se hacen de una determinada manera porque “siempre se ha hecho así” merecen un análisis. Seguro que hay otra manera de hacerlo. Más eficaz, más moderna y sobre todo disruptiva.
  • Amplificar tu alcance. Si nuestra misión es informar, debemos tratar de amplificar el alcance de nuestra marca. Llevar las noticias donde está el lector. De forma controlada pero sin temer a los nuevos distribuidores.
  • Crear comunidades de interés. Los lectores siempre saben más que los periodistas. Por eso debemos construir una comunidad en torno a cada tema de interés. No se trata de copiar Facebook, sino de satisfacer la necesidad de cada grupo de potenciales lectores allá donde esté.
  • Ser relevantes. El éxito periodístico está en la relevancia. Tanto en la capacidad de dar exclusivas como de aportar investigación u ofrecer grandes reportajes. Lo importante es aportar valor y utilidad a cada comunidad. Todo lo demás se puede suprimir sin temor.
  • Mezclar habilidades. De las mismas personas surgen las mismas ideas. Para innovar es clave mezclar personas con diferentes habilidades y capacidades. Cualquier medio que aspire a mejorar debe incorporar nuevos perfiles a su sistema de trabajo.

En definitiva, se trata de cumplir con la declaración de intenciones más tradicional del periodismo -quién es tu lector, qué le ofreces y en qué te diferencias- con nuevos métodos. Formar, informar y entretener. En una justa y razonable combinación.

El 23 de mayo, Jeff Jarvis escribía que ni el contenido ni la distribución son hoy lo más importante de la información, sino que lo es la conversación.

Discrepo por una sencilla razón: no hay conversación sin información.

Pero tiene razón en que el debate es una de las claves del futuro. Por eso hay que cerrar la era del periodismo de masas y comenzar la del periodismo de relevancia.

ARTÍCULO ORIGINAL

https://hojaenblanco.net/saturacion-mercado-periodismo-masas-bcad6845c066#.cwlxn2l6g

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