¿Quién controla el futuro?

¿Quién controla el futuro?
Who Owns The Future?
Autor: Jaron Lanier
Debate. Madrid (2014). 

464 págs. 
23,90 € (papel) / 11,90 € (digital). 
Traducción: Marcos Pérez Sánchez.

Jaron Lanier (Nueva York, 1960) era, ya desde los años 80, uno de los gurús de Silicon Valley. Hace tiempo que Lanier plantea una reflexión sobre los límites de la tecnología (VerAceprensa, 4-04-2012) y ahora desarrolla todas sus ideas en su última obra, ¿Quién controla el futuro?
Lanier compara con el mito de Ulises y las sirenas la relación entre los usuarios de Internet y las grandes empresas tecnológicas (Google, Facebook…), que atraen a todos con sus cantos de “gratis”, a cambio de que el usuario dé su conformidad para que recojan todo tipo de datos sobre la persona que utiliza sus servicios. El principal problema es que, con todos los datos que millones de usuarios vuelcan cada día en ellos, vamos construyendo una gigantesca industria de vigilancia global.
Las nuevas compañías, surgidas de la disrupción y la descentralización, que querían luchar contra la desigualdad, son las que están haciendo que la brecha entre poderosos y ciudadanos sea cada vez mayor. Por eso optar por sistemas gratuitos en Internet ya no es sostenible, dice Lanier, y solo contribuye a aumentar la brecha. Pero cree que es posible una red que haga el mundo menos desigual si los usuarios se deciden a tomar las riendas.
Para afrontar este problema, Lanier plantea un nuevo modelo económico en los negocios digitales: un sistema de micropagos, en el que todos los usuarios de Internet sean propietarios comerciales de cualquier dato que pueda obtenerse de su situación o comportamiento, y reciban una cantidad mínima por parte de quien utilice ese dato.
Por ejemplo, Google se aprovecha de todas las traducciones de otros autores y crea un sistema automático, Google Translate. Con esos micropagos acumulados los traductores tendrían una motivación para contribuir a la economía de la información de manera más sustanciosa y se les daría el valor que tienen.
Todo esto va en contra de las intenciones de los primeros idealistas digitales, que pensaban que el mundo sería mejor cuanto más libre y gratuita fuera la información, sin restricciones de tipo comercial. ¿Por qué ha fracasado este ideal? Según Lanier, porque no tiene en cuenta la naturaleza de la computación: el que tenga el ordenador más potente y maneje mejor los algoritmos siempre será superior, siempre tendrá mayor poder e influencia. Es equivalente a lo que hace años suponía controlar las energías o las vías de comunicación.
Estos sistemas han triunfado, en gran medida, por la pasividad del consumidor, que ha aceptado ser espiado constantemente con tal de usar servicios gratuitos. Lo que los usuarios reciben por llevar un smartphone conectado todo el día en el bolsillo no es proporcional a lo que unos pocos están ganando. Instagram no vale mil millones de dólares solo porque sus empleados sean extraordinarios, sino que su valor reside en los millones de usuarios que contribuyen a su red sin recibir ninguna compensación económica por ello.
Por eso Lanier defiende que el usuario debe exigir una economía de la información en la que todos crezcan, porque la alternativa es una concentración de poder sin límites. Para eso se tendría que revalorizar la información en bruto, antes de que pase por las manos de quienes controlan los ordenadores centrales.
Frente al determinismo tecnológico que domina su ambiente, Jaron Lanier defiende que las personas siguen siendo las protagonistas del mundo.
En sus libros y conferencias se mezclan las ideas sobre informática, economía y filosofía, en un intento de preservar la dignidad de las personas, a medida que la automatización y los sistemas hipereficientes van madurando.

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