Pistas para comunicar mejor

0c174-comunicar1En The Conservative Heart, Arthur Brooks dedica muchas páginas a analizar las ideas, los principios y las políticas conservadoras. Una vez explicado el “producto”, toca “venderlo”. El último capítulo, titulado “Los siete hábitos de la gente altamente conservadora”, recoge algunas pistas para ayudar a los conservadores a explicarse en un contexto cultural donde las emociones pesan más que los argumentos.
La recomendación de Brooks no es tanto que se entreguen a la pancarta efectista, como que pongan el corazón al servicio de comunicar mejor lo que tienen en la cabeza. Y les recuerda, en sintonía con Lakoff, que para tener la opción de mostrar que sus ideas son razonables, primero necesitan un público dispuesto a escucharles.
No lo tienen fácil. El propio Obama ha entrado al juego de agitar los sentimientos para descalificar a sus rivales. Un ejemplo es la caracterización de las políticas republicanas que hizo en 2012 en un discurso dirigido a donantes demócratas: “Si te pones enfermo, te las apañas solo. Si no puedes costearte la universidad, te las apañas solo. Si no te gusta que algunas empresas contaminen el aire que respiras o el que respiran tus hijos, te las apañas solo”.
Para cambiar el marco de las discusiones, Brooks invita a los conservadores a llevar la iniciativa con siete hábitos retóricos. El objetivo es que se acostumbren a explicar sus ideas de forma positiva, en vez de desgastarse respondiendo a los clichés que intentan encasillarlos.

  1. Sé un moralista. El miedo de los conservadores a parecer moralistas les ha llevado a recurrir cada vez más a estadísticas sobre el PIB, los impuestos o los niveles de gasto público, pero se han olvidado de explicar por qué creen que sus políticas son más justas.

  2. Lucha a favor de las personas, no contra las cosas. Si los conservadores quieren seguir imitando a Reagan, deberán empezar a imitarle bien. El expresidente republicano no solo criticaba a los demócratas por el déficit o las trabas burocráticas: en sus discursos también dejaba claro que peleaba a favor de las familias, los niños, los necesitados, los mayores, los inmigrantes, los trabajadores…

  3. Sé positivo. Los conservadores tienen que dejar atrás la imagen de protestones malhumorados y aprender a debatir en un espíritu de amabilidad. Pero la amabilidad no se improvisa: tiene que ser auténtica.

  4. Roba los mejores argumentos. En el debate político es habitual que cada lado comparezca con “un código de lenguaje” que evoca unos valores concretos: los del propio partido. Brooks invita a los conservadores a “ensanchar su imaginación moral” para reconocer las ideas valiosas de los adversarios.

  5. Ve donde no eres bienvenido. Escuchar con mente abierta los argumentos del adversario y, sobre todo tratarle de cerca, es un buen antídoto contra los clichés. También ayuda a afinar las ideas propias.

  6. Dilo en 30 segundos. Brooks ha aprendido de los experimentos de la neurocientífica Daniela Schiller que medio minuto es el tiempo del que uno dispone para causar en el oyente una buena o una mala impresión. En esos pocos segundos no es posible exponer un razonamiento económico pero sí enviar un mensaje amigable; el necesario para que te sigan prestando atención cuando después expongas tus argumentos.

  7. Rompe con tus malos hábitos. Del mismo modo que quienes quieren dejar de fumar necesitan interrumpir su rutina y sustituir el hábito de fumar por otro, los conservadores tienen que estar alerta para detectar los argumentos que no les funcionan y sustituirlos por otros nuevos.

“Cuando vayas a argumentar que el principal beneficio del libre mercado es que trae crecimiento económico, acabas de topar con un cigarrillo retórico. Un mal hábito. Date cuenta y sustitúyelo por un nuevo argumento; uno que empiece con una declaración moral, que luche a favor de la gente y que quizá se atreva a incorporar alguna idea del adversario”.

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