Las cosas que llevaban los hombres que lucharon

Dentro de su colección “Otra vuelta de tuerca” recupera la editorial Anagrama este libro que ya había publicado en 1993 y que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los mejores sobre la guerra de Vietnam vista desde la experiencia de los soldados. El estadounidense Tim O’Brien combatió en Vietnam a finales de los sesenta en la Compañía Alfa. Veinte años después decidió reconstruir literariamente su dramática experiencia en esta singular obra, a caballo entre la novela, el libro de relatos y unas memorias.
La estructura del libro determina también el tono y da al conjunto una original unidad. Las anécdotas y sucesos que recoge proceden de la experiencia personal del autor, tanto de su etapa como soldado como de la relación que mantuvo luego con sus compañeros, que ampliaron los detalles y los puntos de vista o aportaron otras historias. O’Brien es protagonista de algunos acontecimientos, testigo directo o narrador omnisciente. En ocasiones, reflexiona directamente sobre su vida actual y el peso que ha tenido en ella la experiencia vivida en Vietnam.
O’Brien vive lastrado por duros recuerdos, por momentos de gran crueldad, por muertes súbitas y terroríficas. Uno de los relatos cuenta el viaje que O’Brien hizo con su hija de nueve años a los lugares donde vivió sus peores experiencias y donde perdió a algunos de sus mejores amigos, como Kiowa, de origen indio, uno de los pocos soldados que tenían una visión trascendente de la vida.
Muchas de las cosas que se cuentan pueden parecer que ya se han leído en otros libros o se han visto en películas bélicas. Sin embargo, lo novedoso es la mezcla de géneros, tiempos y espacios, además de dar vida a unos personajes que aparecen y desaparecen en los relatos, van y vienen hasta que conseguimos familiarizarnos con ellos. También resultan atrayentes las reflexiones sobre el peso de estas vivencias como material narrativo, o como recuerdos imposibles de olvidar y que han acabado por definir la vida de los protagonistas.
Las opiniones de O’Brien sobre la literatura bélica sirven para entender el trasfondo de su libro: “Una auténtica historia de guerra nunca es moral. Ni instruye, ni alienta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento humano correcto, ni impide que los hombres hagan las cosas que los hombres siempre han hecho”. No existe una interpretación épica de lo que vivieron, aunque eso no signifique que se regodee en los peores y más crueles comportamientos. No se eluden los momentos duros ni el buen compañerismo. El resultado es un retrato honesto, humano, aterrador y sombrío por momentos, hecho por alguien que participó en aquella guerra sin saber muy bien qué pintaban allí él y sus compañeros.

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