La locura del solucionismo tecnológico

A pesar de su juventud, Evgeny Morozov (Bielorrusia, 1984) es una de las voces críticas con Internet más respetadas del planeta. Desde hace años, sus artículos se publican en los periódicos y revistas políticas o culturales más influyentes del mundo (The New York Times, The Financial Times, The New Yorker, entre otros). En 2011 publicó The Net Delusion (El desengaño de Internet), en el que evidenciaba la ingenuidad de quienes pensaron que Internet era un medio especialmente eficaz para conseguir la liberación de los pueblos sometidos a regímenes autoritarios. El paso del tiempo no hizo más que darle la razón y confirmar, como había anunciado, que esos regímenes eran capaces de utilizar la red con toda efectividad para reforzar más aún su poder.
En este último ensayo, Morozov da un paso más. No solo duda de la idoneidad de Internet como medio para alcanzar determinados fines valiosos, sino que cuestiona los fines mismos que se pretende alcanzar mediante la red. El ciberutopismo que se exporta a todo el mundo desde Silicon Valley aspira a crear seres humanos perfectos sin tener que bregar con su frágil condición moral, y a construir sociedades perfectas sustituyendo la siempre deficiente política por una ingeniería social auxiliada por la red.
En contra de lo que puede suponerse, Morozov está tan alejado de los tecnófobos como de los tecnoentusiastas, a los que fustiga sin piedad. No abomina de la tecnología en general, ni de Internet en particular. Considera que la red no es una realidad prefigurada, que nos ha venido dada, que informa todos los aspectos de nuestra vida y que, según quién hable de ella, resulta maravillosa o diabólica. Para él, es principalmente el resultado tecnológico de una visión acerca del ser humano y de la sociedad; y, precisamente por eso, podría ser muy distinta en la medida en que tal visión fuera otra.
Como las bases filosóficas y culturales que impulsan el desarrollo de Internet en la actualidad son erróneas en tantos aspectos, los resultados son con frecuencia lamentables, e inquietantes a medio plazo. Pero como su configuración depende de los conceptos de ser humano, sociedad y política sobre los que se apoye, también se puede pensar en una red distinta de la actual y verdaderamente adaptada a las necesidades humanas.
El título del libro se refiere a la principal idea que desarrolla: Internet está concebido hoy en día por los fundamentalistas tecnológicos de Silicon Valley para solucionar problemas que no existen o para resolver problemas reales con medios contraproducentes. Un ejemplo de lo primero es la obsesión por la autovigilancia que estimula Internet, con los más diversos propósitos, como mejorar nuestra memoria, cuidar de nuestra salud u optimizar el modo de organizar nuestras vidas. Ejemplo de lo segundo sería el de ludificar la vida política: incentivar la participación ciudadana en la política convirtiéndola en un juego en el que más puntos ganamos cuanto más participamos.
Aunque Morozov es un autor mordaz y dedica la mayor parte de su libro a denunciar la estupidez y peligrosidad de Internet en el momento actual, su propuesta es doblemente constructiva: porque defiende la posibilidad de que Internet esté al servicio de las personas y las sociedades; y porque, frente al utopismo tecnológico contemporáneo, defiende la limitada pero insuperable condición moral y política del ser humano. Aunque el libro contiene una propuesta filosófica sustanciosa, su lectura será apasionante para cualquiera que tenga interés por la red, porque cuenta, de forma tan entretenida como demoledora, lo que están haciendo y pretenden hacer los gurús de Internet para transformar nuestras vidas.

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