Universidad de Navarra

La Universidad de Navarra es una universidad española privada perteneciente a la prelatura del Opus Dei y fundada en Pamplona (Navarra, España) en 1952 por San Josemaría Escrivá de Balaguer. A través de sus cinco campus (Pamplona, San Sebastián, Madrid, Nueva York y Barcelona), en la Universidad se pueden cursar 35 grados oficiales, 13 dobles grados y más de 38 programas máster en 14 facultades, dos escuelas superiores universitarias, 17 institutos, su escuela de negocios IESE, ISSA (School of Management Assistants), y otros centros. La Universidad también incluye la Clínica Universidad de Navarra, que con cerca de 2045 trabajadores atiende a más de 100 000 pacientes al año. Desde el 2004 cuenta con el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) que se centra en cuatro áreas de trabajo: Oncología (cáncer de pulmón, leucemias y linfomas), neurociencias (enfermedad de Alzheimer, Parkinson y Huntington), ciencias cardiovasculares (insuficiencia cardíaca, trombosis y hemorragia) y hepatología (cáncer de hígado, cirrosis, enfermedad de Wilson y porfiria aguda intermitente). Esta universidad es una obra de apostolado corporativo del Opus Dei. Las obras de apostolado corporativo son aquellas que, promovidas por fieles del Opus Dei junto con otras personas, tienen la garantía moral de la Prelatura; en ellas el Opus Dei se encarga de lo relativo a la orientación cristiana. «La Universidad de Navarra aspira a que en todas sus actividades esté presente la conciencia de que el trabajo es testimonio de la primacía del hombre sobre las realidades materiales, medio de desarrollo de la propia personalidad, vínculo de unión entre los seres humanos y un modo fundamental de contribución al progreso de la humanidad.» San Josemaría Escrivá de Balaguer [cita requerida]

La Universidad crea el Instituto de Ciencia de los Datos e Inteligencia Artificial

La Universidad de Navarra ha puesto en marcha el Instituto de Ciencia de los Datos e Inteligencia Artificial. El centro se presenta como un órgano transversal que quiere aglutinar proyectos de análisis estadístico y procesamiento de datos que ya se están realizando en distintas facultades y servicios de la Universidad. Además, nace con una clara vocación investigadora en Big Data y de formación y colaboración en esta materia. Continuar leyendo «La Universidad crea el Instituto de Ciencia de los Datos e Inteligencia Artificial»

Ludwig Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein para muchos estudiosos es uno de los más importantes filósofos del siglo XX, sin duda él tiene un rol central en el desarrollo de la filosofía analítica y es un obligado referente en los avances que se han hecho en la lógica y en la filosofía del lenguaje.

En el estudio del pensamiento de Wittgenstein se ha propuesto dividirlo en dos momentos, lo que llaman como el “Primer Wittgenstein” y el “Segundo Wittgenstein”, estos momentos se caracterizan por dos obras claves en la filosofía contemporánea, por una parte, el “Tractatus Logico-Philosophicus” y en un segundo momento “Las investigaciones filosóficas” un trabajo que a decir de los estudiosos de Wittgenstein es una propuesta innovadora al criticar la filosofía tradicional.

Wittgenstein nació en 1889 en Viena, Austria, hijo de una familia adinerada, lo cual le permitiría estar en medio del círculo intelectual y cultural de su país, él se forma como ingeniero aeronáutico, sin embargo, su interés por las matemáticas puras lo llevaron a estudiar a Frege. Siguiendo el consejo de él ingresa a Cambridge a estudiar con Bertrand Russell.

En los años en que estudia en Cambridge el mantiene conversaciones con G. E. Moore y John Maynard Keynes, a partir de estas conversaciones saldría el gusto por escribir el “Tractatus Lógico-Philosophicus”.

Durante la década de 1930 a 1940 Wittgenstein coordinaría una serie de seminarios en Cambridge, estos seminarios tenían la intención de desarrollar muchas de las ideas que quería publicar en “Investigaciones Filosóficas”, esta obra representaba un giro de la lógica formal a una propuesta donde se usara lenguaje ordinario, estas investigaciones se caracterizaron por un escepticismo marcado.

Este filósofo nacido en Viena, y posteriormente nacionalizado como Británico, también era matemático, lingüista, lógico y jardinero. Fue discípulo de Bertrand Russell en la Universidad de Cambridge, donde también llegó a ser profesor. Su gran obra Tractatus logico-philosophicus tuvo una gran repercusión. No obstante, en sus posteriores publicaciones como Los cuadernos azul y marrón e Investigaciones filosóficas, ambas póstumas, criticó duramente su primer trabajo.

Esta obra justo cuando ya estaba preparada para ser publicada Wittgenstein la retiró de la imprenta y sólo la autorizó para que se publicara de manera póstuma. Esto le permitió poder ir mejorando este trabajo. Seis años después de este acontecimiento, en 1951 fallecería consecuencia de cáncer.

L. Wittgenstein: «Prólogo»
Tractatus Logico-Philosophicus
 

Posiblemente sólo entienda este libro quien ya haya pensado alguna vez por sí mismo los pensamientos que en él se expresan o pensamientos parecidos. No es, pues, un manual. Su objetivo quedaría alcanzado si procurara deleite a quien, comprendiéndolo, lo leyera. El libro trata los problemas filosóficos y muestra —según creo— que el planteamiento de estos problemas descansa en la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Cabría acaso resumir el sentido entero del libro en las palabras: lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar hay que callar. El libro quiere, pues, trazar un límite al pensar o, más bien, no al pensar, sino a la expresión de los pensamientos: porque para trazar un límite al pensar tendríamos que poder pensar ambos lados de este límite (tendríamos, en suma, que poder pensar lo que no resulta pensable).

Así pues, el límite sólo podrá ser trazado en el lenguaje, y lo que reside más allá del límite será simplemente absurdo.

En qué medida coincida mi empeño con el de otros filósofos es cosa que no quiero juzgar. Lo que aquí he escrito, ciertamente, no aspira en particular a novedad alguna; razón por la que, igualmente, no aduzco fuentes: me es indiferente si lo que he pensado ha sido o no pensado antes por otro.

Quiero mencionar simplemente que debo a las grandes obras de Frege y a los trabajos de mi amigo Bertrand Russell buena parte de la incitación a mis pensamientos.

Si este trabajo tiene algún valor, lo tiene en un doble sentido. Primero, por venir expresados en él pensamientos, y este valor será tanto más grande cuanto mejor expresados estén dichos pensamientos. Cuanto más se haya dado en el clavo. En este punto soy consciente de haber quedado muy por debajo de lo posible. Sencillamente porque para consumar la tarea mi fuerza es demasiado escasa. Otros vendrán, espero, que lo hagan mejor.

La verdad de los pensamientos aquí comunicados me parece, en cambio, intocable y definitiva. Soy, pues, de la opinión de haber solucionado definitivamente, en lo esencial, los problemas. Y, si no me equivoco en ello, el valor de este trabajo se cifra, en segundo lugar, en haber mostrado cuán poco se ha hecho con haber resuelto estos problemas.