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Cambridge Analytica y las teorías de la manipulación

En un artículo publicado en Spiked, Norman Lewis critica la idea de que la utilización de perfiles de Facebook por parte de Cambridge Analytica para enviar anuncios políticos determinase el sentido del voto.

“La única cosa real en esta revelación es que Cambridge Analytica utilizó 50 millones de perfiles que había tomado de Facebook, sin el consentimiento de sus usuarios, para enviar a votantes de EE.UU. anuncios políticos. Ciertamente, esto suscita una importante preocupación sobre el respeto de la privacidad (…) Pero la verdadera razón por la que los medios y políticos progresistas han entrado en ebullición en torno a este caso es por el prejuicio y la equivocada creencia de que Cambridge Analytica utilizó con éxito estos datos para obtener unos resultados políticos que a ellos no les gustan”, como la elección de Donald Trump.

El problema, dice Lewis, es que no está nada claro que este método de propaganda política funcione. “Es altamente improbable que un algoritmo que examina unas pocas docenas de ‘me gusta’ pueda obtener algo que no sea una indicación muy superficial de las preferencias políticas de una persona”.

Lewis señala también que hay una gran dosis de hipocresía en esta discusión. “En un artículo publicado en The Spectator, Freddy Gray recuerda que en la campaña electoral de 2012 Barack Obama fue pionero en la utilización de la aplicación de las API de Facebook para centrar sus anuncios en los votantes con el mismo fin. Esto era legítimo, aparentemente. Obama fue ensalzado por utilizar métodos electorales de vanguardia en la era digital. Aplíquese lo mismo a Trump y tendremos teorías de la conspiración e histeria”.

Luego Facebook suprimió estas APl porque pensó que cualquier otra compañía podría utilizarlas para para crear los “perfiles sociales” que Facebook vende a los anunciantes. Es decir, “Facebook y compañías como Cambridge Analytica han hecho negocio explotando su supuesta capacidad para proporcionar ‘perfiles psicológicos’ y la desdeñable fantasía de que la gente corriente puede ser psicológicamente manipulada para comprar, actuar y votar de un cierto modo”.

“A pesar de sus diferencias políticas, todo el que vende esta basura coincide en la odiosa convicción de que el hombre de la calle, como consumidor o elector, es estúpido, irracional e incapaz de un pensamiento crítico. Son como niños que pueden ser influidos, engatusados y seducidos por mensajes afinados o por anuncios. El hecho de que el equipo electoral de Trump utilizara Cambridge Analytica muestra que también ellos pensaban lo mismo de esta gente a la que esperaban ganar para su causa”.

“Lo peor de esta penosa historia es que cuanto más claman los medios y la élite progresista sobre manipulación de datos, conspiración y noticias falsas, más refuerzan la convicción de que este enfoque de la política es legítimo y que realmente funciona”.