Salud mental y redes sociales en los jóvenes

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Las redes sociales, al menos en teoría, ofrecen grandes posibilidades de socialización. Sin embargo, para muchos jóvenes son también una fuente de problemas psicológicos: ansiedad, depresión, ciberacoso, pérdida de sueño, etc. Así lo muestra un informe recientemente publicado en el Reino Unido que, además del diagnóstico, propone algunas medidas concretas para minimizar los potenciales daños.

El dato de que un 91% de los jóvenes británicos (16-24 años) dispone, al menos, de un perfil en redes sociales no sorprende a estas alturas. Lo que puede llamar la atención es más bien que casi uno de cada diez no lo tenga. La diferencia respecto a los mayores es grande: 30 puntos más que la generación de sus padres (45-54 años).

También es un hecho reconocido que las redes pueden tener un gran efecto en la formación de la personalidad de los jóvenes, pues canalizan la forma en que muchos acceden al “mundo exterior”, construyen sus relaciones, expresan sus opiniones o forman su autoestima.

Por eso, ante la evidencia del uso masivo y de los riesgos potenciales, los autores de este informe se preguntan por qué no se ha prestado la atención debida a los efectos que plataformas como Facebook, Twitter, Instagram o Snapchat están teniendo en la salud mental de los menores.

En realidad, sí se han realizado algunas investigaciones –los autores las citan– que estudian la relación entre el consumo de redes sociales y la incidencia de determinados trastornos, y en general han señalado efectos nocivos. Pero también están documentadas algunas consecuencias positivas, como que los jóvenes activos en estas plataformas experimentan un mayor “apoyo emocional” ante situaciones difíciles, o que encuentran en ellas un cauce para expresar sus opiniones y formar su personalidad.

El informe de la Royal Society for Public Health (RSPH) busca ofrecer un dibujo general, que compare los efectos positivos y negativos de las redes sociales. Para ello, ha entrevistado a unos 1.500 jóvenes británicos, preguntándoles por la incidencia de cinco plataformas –Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y Snapchat– en determinados aspectos de su salud psicológica y emocional. Una valoración de cero significa una incidencia neutral; por debajo, que es negativa; por encima, positiva.

Los resultados confirman lo señalado por investigaciones previas: los jóvenes dicen que el uso de redes sociales ha empeorado su autoestima (fundamentalmente, por su imagen corporal), ha incrementado su ansiedad, ha favorecido el ciberacoso y les ha hecho perder sueño. Un fenómeno muy particular propiciado por estas plataformas es lo que se conoce como FoMo (Fear of Messing out), algo así como “miedo a no estar al tanto”, a perderse una conversación que todos los demás están manteniendo. En cambio, los encuestados también corroboraron los efectos positivos mencionados en otros estudios: apoyo emocional, capacidad para expresar sus opiniones y formar su personalidad.

El síndrome del postureo

De las cinco redes estudiadas, YouTube es la única que obtiene un saldo favorable, aunque los jóvenes le dan una nota ligeramente negativa en aspectos como el ciberacoso o el FoMo. No obstante, el único “punto negro” significativo señalado por el estudio es el del sueño: es la plataforma que más tiempo de dormir les quita.

En cambio, las otras cuatro redes obtienen resultados por debajo de cero (Twitter, Facebook, Snapchat e Instagram, de mejor a peor), particularmente en aspectos como el sueño, la ansiedad, el FoMo o la depresión. También resulta llamativo que los jóvenes relacionen las cuatro con una mayor sensación de soledad, lo que contrasta con que al mismo tiempo señalen que también las cuatro favorecen el “sentido de comunidad”. Quizás esta aparente contradicción no sea tal: puede que muchos menores sientan que en su vida digital están “solos en medio de la multitud”.

La ansiedad que producen las redes sociales en los jóvenes tiene varias manifestaciones, que en parte depende de las características concretas de cada plataforma. Por ejemplo, es lógico que Instagram –la que peor nota global obtiene– sea especialmente dañina en cuanto a la autoestima ligada a la imagen física, y que afecte más a chicas adolescentes y veinteañeras.

Un fenómeno común mencionado por los entrevistados es la frustración que produce la comparación con las “vidas ideales” (y frecuentemente falsas) que otros jóvenes muestran en sus perfiles, y que provoca una espiral de “postureo” falso en los demás. La preocupación por quedar bien se puede volver asfixiante cuando cientos o miles de personas están observando.

Y esto no solo está afectando a los jóvenes. Como cuenta el Wall Street Journal, dos estudios recientes han concluido que el uso de Facebook perjudica la salud psicológica y física de los adultos. En parte, estos efectos se pueden deber a que la vida online quita tiempo a la offline, es decir, a la interacción en la vida real.

Propuestas para romper la jaula

El informe de la RSPH propone varias medidas que pueden ayudar a que los jóvenes salgan de esta trampa psicológica. Tres de ellas van dirigidas a las propias redes sociales: que hagan aparecer un aviso cuando los usuarios jóvenes lleven más de dos horas de uso en un solo día; que diseñen herramientas para identificar a los que puedan estar sufriendo problemas mentales y ofrecerles ayuda discretamente; y que señalen cuándo una fotografía está retocada (para evitar las comparaciones frustrantes).

Además, el informe recomienda que las escuelas den a los menores una formación práctica pero profunda sobre los peligros de las redes sociales para su bienestar psicológico. Por último, los autores piden más investigación acerca de la relación entre vida digital y salud emocional.

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