La importancia del ruido para la privacidad de las comunicaciones

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Descubría por Twitter un artículo antiguo de Wired sobre cómo combatir el tracking web mediante ofuscación de acciones (EN/ por cierto, me resulta gracioso que el artículo esté escrito en un medio que precisamente te obliga a desactivar tus bloqueadores para consumir el contenido…), que me empuja nuevamente a sacar un tema tan crítico como es el del oversharing tergiversado.

La pieza se centra en los motivos que llevan a los creadores de AdNauseam y TrackMeNot a liarse la manta a la cabeza y ofrecer un servicio cuyo único interés es confundir al Sistema.

AdNauseam (EN) es un plugin, por ahora, solo disponible para Firefox, y que únicamente funciona junto a AdBlock Edge (EN/un fork de AdBlock que no cuenta con whitelist de sites publicitarios), que se encarga de hacer click automático en nombre del usuario a cuanta publicidad el bloqueador es capaz de localizar, sin que éste tenga que hacerlo (y sufra las consecuencias).

Se trata por tanto de una estrategia semejante a la de las huelgas chinas. El mayor daño que puedes hacerle a la industria publicitaria no es obivarla, sino hacerle creer que su publicidad ha impactado en el usuario (ende, se ha contabilizado y archivado la acción, y el medio recibirá el pago por su intermediación) cuando en realidad eso no ha ocurrido.

Por otro lado, TrackMeNot, disponible tanto para Firefox (EN) como para Chrome (EN/ojo, que hay otra extensión en el market que tiene también el mismo nombre) se encarga de periódicamente (por defecto, cada 10 minutos), realizar búsquedas en los principales motores de internet con preguntas sacadas aleatoriamente de una serie de listas de palabras, algunas de ellas consideradas por el Departamento de Seguridad Nacional como potencialmente peligrosas (EN/por cierto, otro medio (Forbes) que acaba de implantar un bloqueador de anti-publicidad…), y por ello, altamente monitorizadas.

¿Qué conseguimos con esto? Que nuevamente, el profiling que el buscador tiene de nosotros se diluya entre ríos de peticiones generadas aleatoriamente. Y si hemos decidido incluir en la ecuación listas negras de querys monitorizadas, complicamos además el trabajo de las agencias de inteligencia. No porque en efecto queramos proteger a los terroristas, sino por pura protección social, sabedores que la lucha anti-terrorista sigue siendo una mera excusa para mantener un sistema de control de la ciudadanía.

Se genera entonces una suerte de tracking masivo que es falso, lo que lleva asociado además un aumento en el tráfico y recursos consumidos por estos adserver, y hace que el profiling que tenían del usuario se contagie de información que no es veraz.

Como todo funciona a base de algoritmos, y después de un re-aprendizaje que llevará más o menos tiempo según toda la información que esta maquinaria tenía de nosotros, lo que obtenemos es un escenario donde la privacidad está más asegurada, no porque los sistemas de tracking dejen de funcionar, sino porque la idea de identidad que tienen de nosotros no es la real, sino una generada pseudo-aleatoriamente.

Y la estrategia, como dejé claro en su día, debería ser la tendencia hacia la que encaminarse.

Un entorno rico en desinformación es un entorno más seguro y heterogéneo

A donde apuntan servicios como éste es precisamente a democratizar de nuevo el entorno digital como un espacio de comunicación descentralizada que ofrezca ciertas garantías al usuario.

A día de hoy no hay un reparto equitativo de la información.

Mientras gobiernos de medio mundo intentan prohibir el uso de herramientas de cifrado, descubrimos cómo algunos de estos gobernantes no dudan en utilizar profesionalmente éstas herramientas (Patreon), pese a que su cargo sí sea público y sí debería estar monitorizado por un intermediario neutral.

Esa asincronía entre conocimiento de la tecnología y acceso a la misma, como comentábamos recientemente, está ya empezando a crear una brecha entre aquellos que cuentan con la capacidad de aprovecharse de ello y aquellos que no.

La realidad es que a día de hoy el acceso a un trabajo o a una hipoteca está ya siendo controlado por un profiling automático, y que el día de mañanaese profiling interferirá en cuantas situaciones de la vida se le puedan ocurrir (alquiler de piso, búsqueda de una pareja, gestión de amistades,…).

Dejando además de lado la monitorización con intereses políticos, y los riesgos que podríamos volver a sufrir si en unos años alguien utiliza esta inteligencia para causar el mal a una parte específica de la sociedad, hay otro punto que nos toca directamente, y que debería ser razón más que suficiente para implementar un sistema de oversharing tergiversado en nuestros dispositivos.

Oversharing y acceso neutral a la información

Llámelo cámaras de eco o burbuja de filtros, pero el resultado es el mismo. Conforme estos algoritmos de segmentación aprenden más y más de nosotros, nos ofrecen una parte más limitada de la realidad. Justo aquella que entienden que nos interesa.

El problema de esta alineación es que por el camino, perdemos perspectiva, y eso se agrava cuando inconscientemente asociamos esos resultados (que recalco, están cada vez más limitados a nuestros intereses y amistades) como criterios puramente objetivos y universales.

No es raro por tanto que en Facebook usted prácticamente solo consuma información que le es interesante, puesto que el algoritmo de Facebook se encarga de eliminar de su timeline aquellos contenidos que por ideología, y aunque vengan de conocidos directos, sabe que no entran dentro de su forma de pensar.

Y esto lo estamos viviendo en el resto de redes sociales (que Twitter e Instragam hayan dado el paso a ser gestionados mediante algoritmos y no mediante ordenación cronológica, no es casualidad), en los buscadores, en prácticamente cualquier tecnología de la información que está usando en su día a día.

Una burbuja de filtros que es nociva para potenciar nuestra capacidad crítica, para estar bien informados, para entender el porqué de otras culturas y otros colectivos.

El oversharing tergiversado se vuelve entonces una estrategia muy acertada para combatir los retos de las tecnologías de la información, tanto en el presente como sin lugar a dudas en el futuro. Algo que está en nuestra mano, que afortunadamente podemos hasta automatizar, y que nos permitirá seguir enriqueciéndonos de todo ese potencial que Internet tiene para darnos sin que ello acabe por limitar nuestro porvenir.

Artículo original http://www.pabloyglesias.com/ruido-digital-y-anonimato/

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